Lecciones del "Museo de los fracasos"

El Museo de los fracasos recientemente inaugurado en Suecia es una colección de más de setenta productos innovadores que fueron un rotundo fracaso. La innovación es riesgo y no está excenta de fracasos. El museo supone una experiencia única y divertida de conocer algunos de estos errores de grandes empresas y una lección para aprender de los errores ajenos.

Lecciones del "Museo de los fracasos"

Con una brillante idea, se ha inaugurado en Suecia el Museo de los fracasos, una oportunidad única de comprobar que cuando se habla de innovación no todo son éxitos. Detrás de los mayores éxitos y los productos más innovadores, se esconden infinidad de fracasos aunque muchos de ellos no llegan al mercado y por tanto son desconocidos por el público. A pesar de ello, algunos llegan a comercializarse y bien sea por un mal diseño, una nefasta campaña de marketing o simplemente porque jamás deberían haber existido al no tener ningún tipo de mercado fracasan rotundamente.

Está situación se produce no únicamente en pequeñas empresas sino también en reputadas multinacionales que a pesar de contar con suficiente experiencia y teóricamente con los mecanismos necesarios para que esto suceda caen en el error. Poder acceder a estos productos nos da la oportunidad de no sólo centrarnos en los éxitos sino también poder aprender de los fracasos. No se trata de frenar la innovación, sino de inspirar a la gente y no estar condicionados por el fracaso. El error forma parte de la innovación.

Obviamente, las empresas para garantizar su supervivencia no pueden encadenar errores de bulto consecutivos en la comercialización de sus productos. Es por ello que se hace imprescindible disponer internamente de una metodología adecuada, práctica y ágil que minimice al máximo este tipo de riesgos. Se trata de disponer de unas herramientas que nos permitan validar los proyectos de innovación en todas las fases de evolución, desde la generación de ideas hasta el lanzamiento al mercado para poder corregir a tiempo o cancelar en caso de ser necesario el proyecto.

Para las compañías establecer estos mecanismos puede no ser una cosa obvia ya que un exceso de conservadurismo conduciría a la compañía a frenar todos sus proyectos y una evaluación excesivamente laxa puede conducir a errores. Hay que buscar el equilibrio y en todo caso de manera fundamental buscar un desarrollo ágil que nos permita validar nuestras ideas con el mercado cuanto antes mejor. Esto nos permitirà introducir mejoras, ajustar el producto o cancelarlo en fases tempranas del proyecto, ahorrando en inversión tanto económica como en tiempo de nuestro equipo.

museumoffailure.se